Post Tue Jun 19, 2018 9:43 am

Olga, la diosa del sexo

Me llamo Mónica y tengo 18 años, voy a contaros mi mayor fantasía. Hace tiempo que pensaba en ello y nunca me he atrevido a contárselo a nadie., pero ahora estoy aquí escribiendo y dejándome llevar para compartir con vosotros algo que algún día me gustaría poder hacer realidad.

Soy una chica morena, alta de ojos marrones. Mi cuerpo no es nada del otro mundo, pero tengo unos grandes pechos, que son la alegría de muchos hombres. Pero a mi ahora mismo no me interesare ellos, me interesan ellas.

Hace tiempo, me metí en un chat de Internet y empecé a hablar con chicos, como siempre hacía. Pero el nombre de una chica apareció en naranja y empezó una conversación conmigo. Al principio hablábamos como amigas, temas sin importancia para ir conociéndonos, pero ella quiso ir mas lejos y empezó a preguntarme cosas mas intimas, en plan, que llevaba puesto, como eran mis tetas o como tenia mi coño. La situación me puso muy cachonda asíque le seguí el rollo, ¿solo hablábamos no? La cosa se fue calentando hasta que nos dimos los msn. Decidimos poner la cam y para mi sorpresa, descubrí a una chica preciosa, rubia de ojos marrones con un pelo larguísimo y unas tetas de infarto, además su culo… Verla me puso mas cachonda aun. Ella me dijo que no enseñaba nada por cam y yo tampoco lo había hecho nunca con chicas, así que lo vi normal. Mientras seguimos con nuestra conversación calentita, ella jugaba con sus dedos en su boca, se tocaba el pelo y bajaba hasta sus tetas, sin enseñarme nada. Me dijo que le había puesto muy cachonda y que era una chica preciosa, simpática y que quería quedar conmigo. Esa noche no hablamos más.

Pasaron unas semanas y no supe nada mas de esa chica, la verdad que me había quedado con las ganas de ver esas enormes tetas, me estaba planteando incluso en si era lesbiana o no. Pero quedar con un amigo, me despejó las dudas. Me gustaban las pollas.

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Esa misma noche, después de quedar con mi amigo, Hablé con la chica, aun eran las 9 y me dijo de quedar para ir a tomar algo y conocernos. Me apetecía verla así que me puse unos pantalones cortos y una camiseta y salí a conocer a esa chica. Fuimos a tomar unos mojitos a un bar que estaba justo al borde del mar, era un sitio precioso y encima nos invitaron a varias rondas unos chicos muy majos que había allí. Cuando quede con ella, me dijo que me pasaba a buscar en moto, allí estaba esperándola en una esquina para que mis padres no me vieran subir en una moto. Cuando apareció llevaba un vestido corto negro y una chaqueta vaquera, unas botas militares a juego con el vestido, negras.

-Ufff que guapa- Se bajo de la moto y me dio dos besos, esa chica era preciosa.

-Para guapa ya estas tú- Cuando le iba a dar dos besos, giró la cara, demasiado tarde para yo reaccionar así que nuestros labios se juntaron. Me quede un poco cortada, pero ella hizo como si nada. Fue un pico fugaz, instantáneo.

-Súbete a la moto, que nos vamos- Pase por delante de ella, antes de subir a la moto, yo estaba de espaldas a ella, cosa que aprovechó para darme un azote en el culo- Mmm que culo tienes nena- Me guiñó un ojo. No sabía como reaccionar.

Mientras iba en la moto mis manos no la tocaban a ella, estaban puestas a los lados, para no caer en los giros. Cuando paramos en un semáforo, ella aprovecho para agarrarme una mano y colocarla en su abdomen.

-Así me gusta mas, que me abraces- Tenia un cuerpo estupendo, y tocarlo me gustaba aun mas, pero me daba un poco de corte.

Mientras tomábamos los mojitos y el alcohol iba subiendo, hablamos con los chicos que nos invitaron, no estuvimos mucho rato solas, cosa que me molesto un poco, quería ver lo que pasaba cuando nos quedáramos solas. Después de tomarnos otro mojito mas, las dos íbamos un poco contentas así que no podíamos coger la moto aun, fuimos a dar un paseo por la playa a la luz de la luna.

Mientras paseábamos, ella me contaba cosas de su vida, de sus novios y de algunos líos que había tenido con chicas. Me agarro de la mano y caminábamos así.

-Mira ahí hay una hamaca, nos sentamos- Me dio otro beso, iba un poco borracha así que ya no reaccionaba como antes, me gustaban sus labios, carnosos y sexys. Ahora fui yo la que le toco el culo.

-Tienes un culo perfecto tía, ya podrías cambiármelo- Le sonreí y ella me respondió con otra sonrisa. Era muy guapa.

Nos sentamos en la hamaca una al lado de la otra, pegadas. Eran unas hamacas de un bar que parecía abandonado.

-Yo de pequeña venía mucho aquí, con mis madres- Se quedó un rato mirando el bar, cuando derepente se levantó y me agarró de la mano, echamos a correr hacia el bar, yo no sabía muy bien que hacíamos pero en ese momento habría seguido a esa chica al fin del mundo.

-¿A dónde vamos?- habíamos llegado a una pared que daba a la parte de atrás del bar.

-Confía en mí, tienes que ayudarme a saltar la pared- No sabia que quería hacer, pero la ayudé. Cuando pasó al otro lado del muro, abrió la puerta desde dentro y me dejó pasar con ella, luego la cerró. En ese sitio había arena de playa, y unas camas que hacia de hamacas, las paredes estaban cubiertas por plantas preciosas y había antorchas por todas partes. Me cogió de la mano y nos acercamos a una cama. Ella sacudió un poco el colchón y se tumbó, yo la imité y nos quedamos las dos mirando las estrellas. Encendió una antorcha, ahora la veía mejor. Estaba preciosa, esos ojos azules me miraban y su mano aun agarraba la mía, se puso de lado mirándome y ahora sus dedos recorrían mi brazo, mi cuello mi cara, mi boca. Se paró en mis labios, presionó un poco he izo que los abriera, le chupé un dedo. Lo hacia suave, eso le gustaba y ella cerraba los ojos y emitía un sonido, un gemido suave que me ponía muy cachonda. Acercó sus labios a los míos y nos dejamos llevar, besándonos tocándonos por todo el cuerpo. Ella tocaba mis tetas por encima de la camiseta y bajaba por mi abdomen hasta llegar a mi coño, donde presionaba más por encima del pantalón. Me estaba volviendo loca, sus caricias y sus besos me encantaban.

-Las dos nos dábamos placer ya que mis manos ahora recorrían su cuerpo también. Ella decidió tomar el mando, aparto mis manos y se sentó encima de mí, me miraba con cara de deseo su mirada, me ponía mucho. El alcohol nos había jugado una mala pasada e íbamos a dejarnos llevar por eso. Se quitó el vestido, mientras seguía mirándome, yo me senté, quedando mí cara entre sus grandes tetas, fui yo la que recorrí su culo, subiendo hasta su espalda en busca del cierre del sujetador mientras besaba sus pechos. Por fin libres, tenia tantas ganas de verlas, eran perfectas, preciosas, enormes… Agarre con las dos manos las dos tetas y las apreté fuerte, ella gemía de placer mientras yo me metía en la boca esos pezones que se iban poniendo duros cada vez que los chupaba, después de comerle las tetas, ella me empujó, tumbándome otra vez en la cama, empezó a subirme la camiseta mientra recorría mi abdomen con la lengua, llegaba a mi sujetador y las besaba por encima. El cierre de mi sujetador estaba delante así que no tardó en desabrocharlo y comer mis tetas mordiendo mis pezones y poniéndome más cachonda aun.

Agarró mis pantalones mientras volvía a tumbarse a mi lado, los desabrochó y mientras me besaba metía sus manos por debajo de mis bragas, me acarició en coño, recorriéndolo de arriba abajo, presionando mi clítoris y metiéndome un dedo, fuerte. Me bajo los pantalones, las bragas, dejándome desnuda encima de esa cama. Colocó su coño en mi cara y su cara besaba el mío. Yo le aparté el tanga negro que llevaba y empecé a comerle el coño, no lo sabia hacer muy bien, ya que era la primera vez que lo hacia pero me dejé llevar. Se corrió en mi boca, su sabor era algo amargo, pero me gustaba olía a sexo y eso me ponía mucho, ella continuaba metiéndome los dedos, ahora tres, lo hacia fuerte rápido, quería que me corriera en su mano, mientras me chupaba el clítoris, iba a estallar de placer y así lo hice, me corrí en su mano y boca y no podía parar de gemir.

Ahora ella se sentó encima de mi coño, rozando el suyo con el mío, ella tenia un poco de pelos cosa que me ponía mucho, me hacia cosquillas cuando tocaban con mi piel, empezó a mover las caderas encima de mi, eso me encantaba mientras tanto, me agarraba las tetas con una mano, me pellizcaba los pezones y acabamos corriéndonos las dos juntas.

Ese día marcó mi sexualidad, ahora sabia que me iba lo mismo un coño que una polla. Al llegar a casa nos dimos los números de teléfono y siempre que podíamos nos escapábamos a esa zona escondida de la playa, siempre de noche. Por cierto, su nombre era Olga, la diosa del sexo.