Post Tue Jun 19, 2018 11:53 am

Mi vecina despistada

Yo hubiera preferido compartir la cama con Verónica, pero entendí que era lo mas apropiado, así que la llevé poco menos que arrastras hasta el cuarto y la deposité desnuda junto a mi hija, la cual me dio la impresión de que también dormía desnuda, pero con la poca luz que entraba de fuera no podía afirmarlo. El último en entrar en el cuarto fue Dodo, que ya tenía situada su camita a los pies de la de matrimonio y al que supuse que no le quedarían muchas ganas de cachondeo después del lote que se acababa de dar.

Capitulo 6: Exhibicionismo, Zoofilia, Sexo y Lesbianismo.

Por la mañana, al levantarme ya eran las nueve y como mi ropa estaba en el cuarto donde estaban mi vecina y mi hija, me disponía a entrar pensando que aun dormían, pero escuché unos sospechosos gemidos y abriendo ligeramente la puerta me sorprendí al ver que mi hija y Verónica se estaban enrollando. Para ser exactos parecía simplemente que mi hija se estaba tirando a la vecina, porque Verónica estaba aun con los ojos cerrados y se limitaba a gemir pasivamente, mientras mi hija desnuda se restregaba contra su cuerpo, chupando ansiosa de sus gruesos pezones.

Entonces mi hija puso a Verónica a cuatro patas y se colocó con la cabeza debajo de su coño, dejando su coño libre y muy cerca de Dodo, el cual parecía estar esperándolo, porque enseguida se puso a lamer el coño de mi hija, la cual le dejó hacerlo sin inmutarse. Parecía que mi hija se estaba excitando con las lamidas de Dodo y a Dodo le estaba creciendo un rabo impresionante.

El ver a mi hija teniendo sexo con Dodo y mi vecina a la vez, me estaba resultando tan extraño como excitante, aunque pareciera algo tan obsceno. Pero de la escena lujuriosa que se desarrollaba ante mis ojos lo que mas me excitaba, aunque parezca mentira, era la expresión de placer que veía en la cara de mi vecina, la cual permanecía aun con los ojos cerrados dejándose llevar, pero se mordía el labio para no gemir mientras tenia la cabeza situada justo encima del ombligo de mi hija, a solo un palmo de Dodo.

El caso es que mi vecina no parecía tener el más mínimo interés en lamer a mi hija, a pesar del interés y el entusiasmo con que la estaba lamiendo ella... y eso no parecía hacerle mucha gracia a mi hija. Así que puso a Verónica en la cama boca arriba, estirándola hasta que dejó su coño justo en el borde de la cama. Dodo no tuvo ningún problema para alcanzar su ya encharcado coño y empezó a lamer, mientras mi hija se ponía de rodillas sobre la cabeza de Verónica y bajaba poco a poco acercándole el coño a su boca.

Verónica seguía con los ojos cerrados y no pondría la mano en el fuego de que se hubiera dado cuenta de que era Dodo y no mi hija la que la chupaba. A pesar de todo, cuando mi hija se sentó sobre su boca no pude ver bien lo que pasaba, pero el ver con que rabia le apretaba las tetas mi hija a mi vecina me hizo pensar que no estaba colaborando tanto como ella desearía.

Hasta que Dodo se intentó montar y penetrar a Verónica, fue que ella levantó la cabeza de debajo de mi hija y se quedo paralizada al darse poco menos que de morros con Dodo. Con el miedo que aun le tenía seguro que no sabia que hacer la pobrecilla, pero mi hija reaccionó rápidamente y apartó a Dodo un poco; luego, poniéndola a cuatro patas en el suelo cogió a Dodo y lo acercó, montándola encima de Verónica que estaba paralizada con la cabeza apoyada en la cama y sin saber que hacer. Al hacerlo quedó frente a mi y vi como a la pobre le caía una lagrima por su mejilla, aunque no tuve tiempo de compadecerme de ella porque mi hija se metió enseguida debajo y empezó a lamer el coño a Verónica, a la vez que le tocaba a Dodo la polla, ayudándole a penetrar a mi vecina.

Cuando mi hija vio que Dodo tenía el sitio y el ritmo cogido, salió de debajo y se volvió a situar frente a Verónica, sentándose en la cama y cogiéndola por los pelos para dejarle bien claro lo que tenia que hacer. Solo veía la espalda de mi hija, pero sus sonoros gemidos de placer me indicaron bien a las claras que mi vecina había cedido a sus deseos. Y mientras Dodo embestía a Verónica, sus pechos bamboleaban desafiantes, mientras mi hija jugaba con ellos de vez en cuando, pellizcándole los pezones con algo de maldad. Y así estuvieron un rato, hasta que Dodo dio un fuerte empujón y se paró, lo que me indicó que se estaba corriendo dentro de mi vecina. Yo no sabía si Verónica estaba gozando o no, solo veía gozar a mi hija y a Dodo... pero cuando el perro se salió y se lió a lamer todo el líquido que rezumaba de su coño, me pareció que mi vecina movía los muslos como si se estuviera corriendo. La que si se corrió como una golfa fue mi hija, sujetando fuertemente del pelo a Verónica, mientras lo hacia contra su boca.

Verónica quedo rendida y se desmayó allí mismo, por lo que mi hija la cogió por las caderas y la terminó de subir a la cama, empujándola hasta que quedó boca abajo, con sus piernas abiertas y aun rezumando una gran cantidad de semen de la anterior cabalgada de Dodo. Luego mi hija se marchó a ducharse, por lo que me escondí a un lado y en cuanto pude entré en la habitación, porque el ver esta escena me había puesto tan caliente que tenia que desfogarme de cualquier modo. Cuando entré vi que el picaron de Dodo había vuelto a las andadas y estaba de nuevo lamiendo su coño, aunque al estar ella en una posición horizontal su larga lengua se paseaba hasta el agujerito del culo, el cual tenia ya bastante dilatado.

Como vi que tenia la polla otra vez preparada para la acción y que en breve intentaría asaltarla de nuevo, busqué rápidamente a mi alrededor y no tardé en encontrar unos calcetines, los cuales enrollé como una bola y se los metí en el coño a Verónica que ni se inmutó, dejándole solo una opción a Dodo. Luego le puse la almohada debajo del vientre, alzándole aun más el culito y pude ver a escasos centímetros como Dodo se montó encima y estuvo dando envites, hasta que atinó en el único agujero que le quedaba libre. Era tan morboso que sentía que mi polla iba a explotar, por lo que me puse delante de mi vecina a ver si era capaz de mamármela, pero por desgracia estaba tan cansada que no tenia fuerzas ni para chupar. Así que me hice una paja a su salud, eso si, corriéndome en su boquita entreabierta al acabar. Luego me marché de allí, no fuera a regresar mi hija de improviso, dejándola con Dodo todavía montado sobre su trasero, penetrándola con unos golpes cada vez mas frenéticos y salvajes. Supongo que mi hija se haría cargo de la situación al regresar de la ducha, porque no volví a verlas hasta bien entrada la tarde, cuando mi hija se llevo al crío de mi vecina de paseo para no coincidir con su novio cuando viniera a verme, dejando a Verónica aun dormida en mi habitación.



Capitulo 7: Exhibicionismo, Sexo y un Trío.

Cuando por la tarde vino el novio de mi hija a ver el fútbol, como lo hacia normalmente, acomodé a Ramón en el salón y fui a avisar a Verónica para que se levantara y atendiera a Ramón, mientras yo me duchaba. Ella estaba todavía en mi cama desnuda y cuando ya estaba entrando en la ducha escuché a mi vecina llamarme y supuse que como mi hija había cogido su ropa para lavarla no tenía nada que ponerse para salir... y seguro que deseaba que le llevara ropa.

Así que me dirigí despacio a su encuentro, tapándome con una toalla y al llegar al salón vi que Verónica, aprovechando que Ramón veía la tele, salía del cuarto sigilosamente para tratar de buscar ropa en el dormitorio de mi hija. Enseguida me percaté de la oportunidad que tenía y le hable en voz alta para que Ramón se girara a verla.

A mi vecina no le dio tiempo de ocultarse, claro, y sorprendida a mitad de camino no le quedó mas remedio que taparse con una mano abajo y cubrir con el otro brazo lo que buenamente podía de arriba, que era mas bien poco. Y yo, avispado que estaba, aproveché para presentarlos, viendo la cara de vergüenza de Verónica y los ojos salidos de Ramón, que miraban mas a sus tetas y coño que a su cara.

El chico no tenía un pelo de tonto, así que saltó disparado del sofá, tendiéndole la mano a mi vecina. La cual, teniendo que decidir, le dio la que tapaba sus pechos, dándole así una visión perfecta de sus melones desnudos, mientras se agitaban al ritmo del apretón de manos.

Luego me dediqué a contarle a Ramón el problema de Verónica, ampliando todo lo que pude la charla mientras ella permanecía allí esperando, roja de vergüenza y Ramón sin perderse detalle. Fue entonces cuando le dije a mi vecina que le sirviera a Ramón otra copa y este captó la idea enseguida, pues rápidamente le dio los dos vasos vacíos que estaban sobre la mesa. Verónica no tuvo mas remedio que coger los vasos, dejando completamente a la vista sus tetas bamboleantes y su coño, que ya empezaba a oscurecerse por el pelo que le crecía.

Mi vecina no sabía que hacer, pero su espíritu sumiso pudo más que su pudor y se fue a la cocina en busca de las bebidas, enseñando de paso a Ramón lo único que le faltaba por ver, su culo esplendoroso. En cuanto desapareció de la vista, el novio de mi hija me hizo un gesto la mar de elocuente y yo me aguanté como pude las ganas de reír. Así que me fui a la cocina detrás de ella y le pregunté a Verónica que porque me llamaba y al decirme lo de la ropa, le dije que mi hija estaba lavándola y después me fui a la ducha, dejándola sola con él. O al menos eso quise hacerles creer, pero lo cierto es que me limité a darme un agua rápida y dejar sonando el grifo, mientras me acercaba a la puerta y espiaba a través de la rendija lo que pasaba en el comedor.

Lo primero que vi es que estaban los dos sentados hablando frente a frente, desde mi posición veía a Ramón de espaldas, pero tenia clara visión de Verónica. La cual se había colocado una liviana camiseta que, aunque tapaba sus pechos, le estaba tan ceñida que era como si no llevara nada puesto, marcándose desafiantes sus gruesos pezones. Además le estaba tan corta que dejaba claramente a la vista su chocho, del cual Ramón estaba seguro que no se estaba perdiendo ningún detalle, pues mi vecina andaba ya con tal confianza que dejaba las piernas abiertas muy a menudo.

Fue entonces cuando Ramón me dejó a mi alucinado y a Verónica súper cortada, pues le preguntó que si le pasaba algo en la entrepierna, ya que la notaba muy nerviosa y tocándose mucho. Mi vecina, muy colorada, le contestó que se había depilado y que le picaba, pues le estaba creciendo el vello. Ramón le dijo que quizás estuviera irritada y que si deseaba que se lo mirara, a lo que Verónica solo atinó a ponerse roja como un tomate.

Ramón tomó aquello como un consentimiento y sin perder un segundo se arrodilló delante de ella, le separó las piernas y se puso en medio, levantándole la cortísima camiseta para dejar ante sus ojos un coño abierto y tan húmedo, que desde mi posición podía verlo brillar. Luego la empezó a tocar, diciéndole que ya pinchaba y que pronto tendría que repasárselo y que tenía una pequeña erupción. Le separó los labios, según él, para verle bien toda la zona, aunque en realidad lo que hacia era que la acariciaba descaradamente, jugando con su clítoris y meciéndole un dedo en la vagina. Después le puso las piernas sobre el sofá, plantando sus talones sobre el cojín, con lo que tuvo también un plano genial de su pequeño ano recientemente dilatado. Verónica estaba excitada, pero también avergonzada, porque Ramón seguro que estaba viendo los restos de semen que tenia en sus partes.

Entonces me fui a cerrar el grifo del lavabo y volví al salón tras echarme un poco de agua por encima, simulando acabar de ducharme. Al entrar mi vecina se asustó y se puso aun más nerviosa y colorada; mientras Ramón, muy natural, me contaba lo que pasaba y me pedía una pomada para darle a Verónica en la zona para calmarla. Entonces me acerqué como para comprobarlo por mi mismo y empecé a tocar yo también su coño. Verónica estaba con los ojos cerrados y se la notaba excitada, pues se le marcaban sus pezones como nunca y su coño estaba súper lubricado, con cuatro manos tocándolo y sobándolo.

Le di la pomada a Ramón y le comenté a los dos que podríamos cenar fuera, invitando a Ramón por el favor que iba a hacerle a Verónica y que después pasaríamos a por las herramientas de Ramón para abrir la puerta. Mi vecina asintió enseguida y Ramón, aunque dijo que no era necesario, tuvo que aceptar ante la insistencia de ambos. Verónica saltó del sillón diciendo que se iba a vestir, a lo que yo le dije "ponte elegante" y mirando a Ramón le sugerí que porque no la ayudaba a elegir la ropa mas adecuada, al tiempo que le guiñaba un ojo. Ramón, claro, se levantó enseguida y vi como mi vecina se ponía colorada, pero no decía nada, aceptando sumisa su compañía.

Yo me vestí rápido y me dirigí a ver que hacían los tórtolos. Verónica estaba probándose los vestidos que le sugería Ramón, el cual la ayudaba a ponérselos, aunque mas que ayudar lo que hacia era sobar sus tetas y su culo, lo cual le estaba provocando una erección que se le notaba claramente. Al final se puso un vestido de fiesta negro, con un escote exageradísimo por delante, que se cerraba con una especie de cuerda que pasaba a través de unos grandes ojales a cada lado del escote. Ramón tuvo que usar bastante fuerza y mucha maña para lograr que no asomaran sus pechos por completo a través de la abertura, ya que al ser de una talla bastante inferior a la que necesitaba, a duras penas logro metérselo. Una vez que se puso unos zapatos a juego el resultado fue de lo mas llamativo, estaba súper cachonda así vestida.

Entonces Ramón, dándole los últimos apretones a sus pechos, le dijo que estaba genial y que le se había puesto tan cachondo que no podía salir así a la calle y sin cortarse un pelo, le dijo que si le importaba que se desahogara allí mismo. Mi vecina se quedó asombrada viendo como así, sin más, Ramón se sacaba su herramienta fuera del pantalón, la cual era enorme por cierto y se empezaba a pajear a escasos dos metros de ella.

Ramón, viendo que no decía nada, se fue acercando mientras se masturbaba, hasta que le cogió la mano y la puso sobre su polla. Verónica, como hipnotizada, empezó a subir y bajar la mano, mientras Ramón le cogió del cuello y le dio un tremendo beso en la boca. Después de besarla como un salvaje durante un buen rato, le bajó la cabeza hasta que su polla toco los labios de Verónica, la cual abrió la boca y empezó a chupar sumisamente. Mi vecina, obligada por Ramón, se metía la polla casi entera en cada empujón, lo que le provocó bastantes arcadas. De todos modos estuvo poco tiempo pues pronto le retiró la cabeza y su poya empezó a escupir gran cantidad de semen, que impactaba directamente en la cara de Verónica, la cual quedó toda pringada.

Dejé unos instantes para que se recuperaran y entonces entré en la habitación y les pregunté si estaban ya preparados, a lo que me respondieron que ya casi estaban, mientras Ramón se guardaba la aparatosa herramienta dentro de los pantalones y mi vecina se dirigía al baño a limpiarse los restos de semen y a maquillarse. Decidí que era el momento adecuado de darle un regalo a Ramón y sacando del cajón de la mesilla las bolas chinas, las guardé en su pequeño estuche y se lo entregué en silencio, al tiempo que le guiñaba un ojo a mí sorprendido cómplice.

Lo cierto es que el vestido le quedaba tan ceñido en las caderas que la pobre apenas podía andar, por lo que al llegar al coche la tuvimos que ayudar entre los dos a que sentara en el asiento del copiloto. En ese momento el vestido se le subió tanto que mostró claramente, no solo el liguero y las medias que estaba llevando, sino que incluso asomó parte de su coño depilado. Mas tarde, en el transcurso de la velada, mi vecina me confesó que el motivo no era otro que el de no haber encontrado mas que bragas sucias o aun mojadas en los pocos minutos que le dimos para que se acabara de vestir; por lo que supuse que mi hija estaba detrás de esa pequeña broma, pero no le di mayor importancia, porque el beneficio era para mi. Ya que al sentarse la pierna derecha, que es donde estaba la raja, quedó completamente a la vista, dado que al subir el vestido para no romperlo la abertura se iniciaba casi a partir del ombligo. La visión de Verónica era genial, con las grandes tetas súper apretadas, amenazando con hacer estallar las costuras y los pezones marcados claramente a través de la tela. Pero sobre todo por la pierna desnuda hasta la ingle, mostrando la media y el liguero y dejando ver en cada curva parte de su coño desnudo y depilado.

Al poco de estar circulando note a mi vecina mas nerviosa y como agitada, y al parar en un semáforo y fijarme bien pude ver como el espabilado de Ramón había introducido su brazo entre el asiento y la puerta del copiloto y tenia metida su mano a través de la abertura del vestido. Me dio rabia no haberme dado cuenta antes de ese detalle, pero ya no quité ojo de esa zona, pudiendo percatarme de que el muy bribón tenia ya dos dedos metidos bien al fondo, entrando y saliendo como Pedro por su casa de su cálida cuevita. Pero aunque no quedaba demasiado trayecto hasta el restaurante procure ir lo mas despacio posible para tener que parar en otro par de semáforos, que me permitieron apartar un poco mas la tela que tapaba su entrepierna y ver que Ramón estaba metiéndole las bolas chinas en el coño.

Me sorprendió mucho que mi dócil vecina no hiciera lo mas mínimo para evitarlo, limitándose a morderse los labios y respirar agitadamente por la nariz. Lo que provocó que sus pezones se pusieran aun mas erguidos, si eso era posible y duros como piedras. Así que en el siguiente semáforo que tuve que parar metí dos dedos por entre las cuerdas y pellizcando uno de esos pezones conseguí sacarlo fuera por el escote frontal del vestido. No me costó apenas esfuerzo y Verónica estaba tan acelerada con lo de las bolas chinas que ni se dio cuenta de lo que pasaba, por lo que cuando al final llegamos al restaurante solo yo sabía porque la miraban con tanta atención los camareros y comensales.

La cena estuvo espléndida, sobre todo porque los solícitos camareros no dejaban de venir a nuestra mesa con el menor pretexto, para poder ver bien de cerca el grueso y descarado pezón que tan bien se veía a través de las cuerdas del escote. Pero quiso la mala o buena suerte que en un momento dado que Verónica se levantó para ir al baño se enganchara la parte trasera de su vestido con la silla, lo que provocó que al levantarse bruscamente del asiento se esforzasen tanto las ya tensas cuerdas del escote que terminaron por rasgar los ojales del vestido, quedando durante unos breves y maravillosos instantes con todo el torso desnudo.

El pequeño gritito de sorpresa que emitió Verónica provocó el lógico alboroto entre los comensales y los camareros, que enseguida se acercaron con el pretexto de ayudar. Pero lo cierto es que la muy torpe del tirón que había dado se habían desgarrado los seis ojales, por lo que ni con mi ayuda ni la de Ramón pudimos arreglarlo. Y dado que mi vecina tenia que usar ambas manos para sujetar lo que le quedaba del vestido, difícilmente podía comer o podíamos seguir con la velada. Así que como pudimos se lo reparamos para poder terminar la cena, aunque al más mínimo movimiento dejaba algo al desnudo.



Capitulo 8: Exhibicionismo, Sexo y un Trío.

Acabada la cena decidimos ir a casa de Ramón a por las herramientas y ver si tenía algo de ropa de mi hija allí, pues de lo contrario tendríamos que volvernos a casa y dar por acabada la fiesta. La casualidad quiso que el compañero con el que Ramón compartía piso – un estudiante de bellas artes – estuviera en casa y al no encontrar nada que pudiera ponerse Verónica y tras decirle el problema que teníamos, el chico comentó que qué nos parecía si él le pintaba algo sobre el cuerpo y así no tendríamos que volver a casa. Mi vecina no parecía muy dispuesta, pero al ver las fotos de los trabajos del chico y con las copas de más que llevaba, al final aceptó hacer una prueba a ver como quedaba.

Mientras yo miraba sentado desde un cómodo sofá, con una copa en la mano, lo que sucedía y Ramón se deshacía del trapo en el que se había convertido la parte de arriba del vestido de su novia, el chico se fue a por sus cosas de pintura... y a hablar a solas con Ramón. A su regreso venia bastante mas animado y tras darle Ramón otra copa a Verónica, nos dedicamos a mirar los dos como el chico desarrollaba su labor.

El otro chico le dijo a mi vecina que se debía quitar las medias y el liguero porque podían mancharse, a lo que mi vecina, muy colorada, no atinó a replicar, así que se despojó de lo poco que le cubría, quedando completamente desnuda ante nosotros. Enseguida el chico se plantó muy animado entre sus rodillas separadas y empezó a pintar su torso, dibujando un poco y agarrando mucho. Lo cierto es que el chico dibujaba de fábula, lo cual no quita que se aprovechara de lo lindo de la pobre Verónica, que estaba súper cortada y con una gran borrachera encima, que era cada vez más evidente. Por eso no me extrañó que mi vecina le dejara dibujar a sus anchas, a pesar de que también estaba pintando su coño y sus piernas, al igual que su culo. Incluso cuando, en un momento dado, le pidió que estando de pie se inclinara hacia delante, dejando su culo y su coño bien expuesto ante nosotros y no conforme solo con eso, le pidió que se abriera bien las nalgas mientras el deslizaba sus pinceles una y otra vez por sus zonas mas intimas.

El trabajo fue genial, pues al acabar no se distinguía si llevaba ropa real o era pintada. Le había puesto una camiseta escotada con un solo tirante ancho a la izquierda y un pantalón blanco de esos piratas y les aseguro que desde mi silla no era capaz de distinguir si era de verdad o no. Solo al acercarme a ella me di cuenta de que sus pezones se marcaban de un modo descaradísimo y de que la abertura de su coño y la de su culo no podían disimularse de ningún modo a tan corta distancia... pero no se lo dije, claro, sabedor de que la muy ingenua se fiaría de nuestras respuestas.

Aun así, Verónica prefirió quedarse con la ropa de abajo puesta, por lo que tuvimos que usar un cinturón de Ramón para que le sujetara la parte de abajo del vestido, la cual conjuntaba perfectamente con sus pechos pintados. Mientras mi vecina se vestía, el amigo de Ramón dijo que si podía acompañarnos, a lo que le dijimos que si al unísono, pues su espléndido trabajo bien merecía una recompensa, así que nos fuimos los tres de copas con Verónica. La verdad es que no era mi intención conocer los antros de los jóvenes, pero esos chicos sabían como hacer para que mi vecina tuviera siempre una copa llena y se desinhibiera hasta el punto de empezar a bailar en uno de los pubs mas abarrotados en que estuvimos.

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Con tanta gente el calor se estaba haciendo insoportable para Verónica, entonces Ramón le dijo que teniendo pintado también la parte de abajo se podía quitar la falda y las medias y que bien tonta era si no lo hacia. Ella no estaba del todo convencida, pero al poco rato fue al baño y regresó con la ropa en una mano, que rápidamente desapareció en las de Ramón, camino del coche aparcado cerca.

Con la oscuridad no se notaba apenas que iba desnuda, pero nosotros lo sabíamos y estábamos a cien y hablo en plural porque cuando iba a acariciarle su coño me topé con una mano que tenia metido un dedo ya en su interior. Cuando la miré a la cara vi sus ojos cerrados y su boca entreabierta y la cabeza del amigo de Ramón apoyada en su nuca. El muy espabilado llevaba detrás de ella un buen rato, así que no tenia forma de saber cuanto tiempo llevaba masturbándola, pero lo cierto es que no me importó demasiado, porque la escena era muy sensual... aunque Ramón no era tan paciente como yo.

Lo digo porque lo tenia cerca de mí bailando y esperando ansioso a que su amigo acabara. Cuando terminó de masturbarla noté como a Verónica se le doblaban las rodillas, señal bastante elocuente de que se estaba corriendo, así que la sujeté y la acurruqué en mi hombro para que se recuperara un poco. Pero entonces llegó Ramón, el cual le preguntó que si quería bailar y mi vecina, ya un poco repuesta, aceptó, supongo que huyendo del amigo de Ramón.

El cual se quedó junto a mí, metiendo sus dedos en la copa de Verónica para limpiárselos, mientras me guiñaba un ojo. Cuando le pregunté si se había divertido, me dijo que mucho, pero que esperaba divertirse aun mas con nosotros, sobre todo si mi vecina seguía sudando así.

No tenia muy claro a que se refería, pero en ese momento Ramón regresó solo a nuestro lado, diciendo que Verónica había ido al baño. Los tres estábamos pendientes de que saliera para verla y al salir del baño nos quedamos alucinados mirando su estilizada silueta y viendo como en algunos lados la pintura ya se estaba difuminando, dejando a la vista porciones cada vez más generosas de su piel. Pero lo que mas me llamó la atención fue que de su entrepierna colgaba algo. No me lo podía creer, pero al acercarse mi vecina a nuestro lado reconocí el cordón y la anilla de las bolas chinas.

El caso es que Ramón no quiso esperar a que Verónica se diera cuenta y volvió a sacarla a bailar, aunque esta vez su amigo se les unió. Yo no quise ser menos y pegándome a la barra lo más cerca posible de ellos intenté ver lo que hacían. Lo cual me fue bastante difícil dada la cantidad de gente que había en la pista, que mas parecía un metro en hora punta, que una zona de baile, así que para cuando llegué a la altura de mi vecina, ellos ya llevaban un rato bailando bien pegados. Tenía uno por delante y otro por detrás, tan pegados a ella que a Verónica casi ni se la veía, puesto que solo se notaba el movimiento que tenían las manos de ambos sobre sus pechos. Mi vecina con los ojos casi cerrados y la melena cubriéndole parcialmente la cara, se movía al ritmo de nuestros amigos, los cuales prácticamente parecían soldados a su cuerpo. Hasta que vi como Verónica echaba la cabeza bruscamente toda hacia atrás y parecía que se desvanecía, momento en el cual mis dos nuevos amigos se separaron y se apresuraron a ponerse bien los pantalones. Fue entonces cuando caí en la cuenta de que se la habían estado beneficiando a dúo en mitad de la pista de baile, pero no pude pensar demasiado en ello, pues mi vecina requería nuestra atención.

Viendo al calor que hacia y que si seguíamos así, Verónica se quedaría desnuda, decidimos salir y volver a casa, aunque antes paramos a tomar algo en una terraza de un bar que estaba justo enfrente del parking donde teníamos el coche. Cuando el camarero se acercó a nosotros se dio cuenta de como iba Verónica y se le formó un bulto impresionante en el pantalón. No era el único que sospechaba algo, porque uno de los pezones de Blanca, quizás por los continuos manoseos, ya empezaba a tomar su tono rozado natural, marcándose descaradamente en el resto de la pintura; al igual que buena parte de su coño, que de hacer pis y de las penetraciones ya no tenia pintura ninguna, aunque al estar bajo la mesa solo podíamos verlo los que estábamos a su lado y el afortunado camarero que no paraba de ir y venir alrededor nuestro.

Esta situación nos tenía a todos muy excitados, por lo que pagamos y nos fuimos a por el coche que teníamos en el parking de enfrente. Y al llegar íbamos tan calientes que Verónica estaba siendo sobada y chupada por todos y ella no solo aceptaba nuestro acoso, sino que iba acariciando nuestros paquetes; eso si, un poco a regañadientes y ayudada por nuestras manos, pero lo hacia. Como el parking estaba desierto no aguantamos mas y Ramón sentó a mi vecina sobre el capó del coche y así, sin mas, se la saco de dentro de los pantalones y la penetró.

Para mi sorpresa Verónica no dijo ni mu, se limito a gemir apagadamente, mientras yo tocaba sus pechos y el amigo de Ramón trataba de que se la chupara. Entonces Ramón se apartó de mi vecina y le sacó las bolas chinas que aun estaban dentro, supongo que porque le incomodaban, luego se estiró en el suelo entre dos coches y tiró de ella para sentarla encima de su polla. Verónica no parecía muy dispuesta, pero en ese momento yo la empujé un poquito y enseguida volvió a estar penetrada. Viendo su espléndido culo tan disponible me bajé rápidamente los pantalones y de un solo empujón se la metí, soltando ella un grito de dolor... pero que también sonaba mucho a placer.

Lo cierto es que no me avergüenza reconocer que no tardé demasiado en correrme en su interior, pero no vino mal porque el amigo de Ramón hacia rato que me soplaba cerca del oído, mientras le amasaba las tetas esperando su turno ansioso. Así que me retiré y le cedí mi puesto, pasando yo delante de ella, que ya estaba tan enardecida con la doble penetración, que apenas tuve que insistir para que cogiera mi polla y se pusiera a chuparla, lamiendo los restos de mi corrida sin reparar en ello.

Los chicos, más jóvenes y potentes, aun cabalgaron un rato más sobre el cuerpo de Verónica antes de eyacular. Para cuando lo hicieron la tenían tan agotada que se quedó dormida nada mas meterla en el coche. Ramón y yo nos sentamos atrás con Verónica tumbada encima nuestro, mientras su amigo conducía de regreso a casa. Entonces Ramón sacó de su bolsillo las bolas chinas que yo le había regalado y se entretuvo en metérselas una a una y bien despacio a mi vecina por el culo mientras yo le acariciaba divertido las tetas. Al llegar tuvimos que aparcar algo retirado de mi casa y al bajar del coche Verónica no se mantenía en pie, por lo que la tuvimos que llevar casi en volandas entre los tres. Yo iba detrás casi todo el rato, viendo su culito penetrado por las bolas chinas y como le escurría el semen por los muslos.



Capitulo 9: Sexo, Orgia y Zoofilia.

El caso es que subimos a la casa y vimos que mi hija ya había acostado al niño y nos esperaba con la cara muy larga. Así que mandé a Ramón a que hablara con ella, mientras su amigo y yo dejábamos a Verónica en el baño, arrodillada junto al wáter, porque con el pedo estaba a punto de vomitar. Yo confiaba en que mi vecina se recuperara mientras hablábamos con mi hija, porque en cuanto le dijimos como se encontraba insistió en ir a verla. Pero la sorpresa al volver al aseo fue ver a Dodo, que había entrado en nuestra ausencia y estaba encima de Verónica meneando su cuerpo de un modo tan elocuente que era indiscutible que se la estaba follando y mi pobre vecina con la cabeza junto al wáter y sin fuerzas ni para quejarse.

No esperaba la reacción de mi hija, que se echó a reír al ver el espectáculo, abrazando luego al amigo de Ramón y dándole un soberbio morreo, mientras este le tocaba el culo con las dos manos y Ramón y yo nos mirábamos a la cara, decidiendo si intervenir o dejar a Dodo divertirse. Ramón no dijo nada de la actitud promiscua de su novia y cogiendo a mi hija desde atrás le empezó a sobar las tetas, mientras esta ya le estaba sacando la polla afuera del pantalón al otro amigo.

Yo no quería quedarme excluido, por lo que me senté sobre la taza del wáter y sujeté la cabeza de mi vecina para que me hiciera una buena mamada, mientras veía a mi hija en acción. Pero la pobre Verónica no parecía tener fuerzas más que para mantenerse a duras penas a cuatro patas, así que me senté en una silla y empecé a pajearme yo solo.

Entonces, para mi sorpresa, mi hija me miró fijamente y en un momento dejó a sus dos amigos y se dirigió hacia mí y dándome un morreo espectacular se sentó en mi polla, metiéndosela hasta el fondo a la primera. Yo veía como los dos chicos miraban alucinados a Verónica mientras Dodo la embestía y viendo a mi vecina a mi lado y siendo follado por mi hija no pude aguantar mucho y me corrí rápidamente en ella; eso si, depositando en su coño una gran cantidad de semen. No fui el único que acabó, pues Dodo volvió a descargar dentro de Verónica y después salió con un sonoro chasquido, dejándola tirada sobre la alfombrilla del baño con todo el coño dilatado y chorreando semen.

Decidimos que era mejor que mi hija la bañara, mientras los tres nos tomábamos unas copas en el comedor y pensábamos como seguir la fiesta; quiero decir los cuatro, porque Dodo se unió a nosotros moviendo el rabo feliz. Así que tras sentarla en la bañera, ayudamos a Ramón a abrir por fin la puerta de la casa de mi vecina, pasando luego a su salón a la espera de que vinieran ellas. Nos dio tiempo de sobra a probar el excelente whisky de su marido y a cotillear un poco por el domicilio de Verónica antes de que mi hija la trajera, completamente desnuda, a nuestra presencia.

Los tres no volvimos a excitar al verla entrar desnuda y mojada, y algo mas despejada después de la ducha, pero aun así se le veía que andaba todavía bastante borracha. Prueba de ello es que ni se dio cuenta de que Dodo se sentaba a sus pies en cuanto mi hija la dejó caer sobre el sofá y se acercó a nosotros en busca de una copa para entonarse. Los otros dos bribones enseguida se sentaron a su lado y empezaron a sobarle las tetas, mientras Dodo no perdió el tiempo y comenzó a lamerle sus piernas, ascendiendo veloz en busca de su trofeo. Se notaba que la pobre no sabia que hacer, pues su carita de borrachilla dejaba bien a las claras que no estaba en condiciones de reaccionar mucho, quizás por eso dejara que tanto los chicos jugaran con sus tetas desnudas, como que Dodo estuviera lamiendo el hueco de sus muslos cerrados con la esperanza de alcanzar su coño.

Entonces Ramón cogió a Verónica de los brazos y tirando de ella, la obligó a apoyarse sobre la mesita de café que había frente al sofá. Enseguida se situó detrás de ella y sacándose también la polla, se la metió por el culo fácilmente, señal de que aun lo tenía súper dilatado. El otro también se apresuró a levantarse del sofá y desenfundar su polla, ya rígida; por lo que supuse que iba a pasar al otro lado para que mi vecina se la mamara, pero me quedé perplejo al ver que se ponía detrás, al lado de su amigo y empezaba a empujar en el culo de Verónica, abriéndose paso poco a poco junto a la polla de Ramón.

Para mi sorpresa, pues ya no soy un chiquillo, noté como me volvía a poner a tope con todo lo que pasaba frente a mi, mientras junto a mi hija, que no paraba de restregarse un consolador que se había traído de casa por el coño, veía el glorioso vaivén de sus enormes tetas, al tiempo que Verónica gemía cada vez con mas fuerza; sobre todo ahora que, al tener las piernas bien separadas para poder guardar el equilibrio ante las rudas embestidas que recibía por detrás, había dejado vía libre para que Dodo pudiera saborear a placer su encharcada intimidad. Pero la posición debía ser incomoda para los chicos, por lo que Ramón se dejó caer de nuevo en el sofá, tirando todo el tiempo de Verónica para no romper la unión, sentándose y permitiendo que su amigo se le sentara a su vez en la barriga para facilitar la doble penetración anal.

Fue cuando vi que el coño de mi vecina quedaba visible y aunque estaba en una posición algo complicada, me las pude apañar y al final pude clavársela en su coño, notando como le entraban las pollas de los otros dos chicos por su culo, mientras Verónica gemía de placer, corriéndose una y otra vez. Fue una suerte que Dodo lo hubiera preparado primero con sus lamidas, porque me costó muy poco esfuerzo entrar. Luego, mientras notaba el entrar y salir de las otras dos pollas prácticamente contra la mía, vi que mi hija se había arrodillado en el sofá a nuestro lado, dándole a mi vecina un morreo salvaje, uno de los besos más apasionados que yo he visto en mi vida. Yo estaba tan excitado con la situación, sobre todo cuando vi como Dodo se unía a nosotros en el sofá, tratando de montar a mi hija, que me corrí de nuevo, dejando el coño de Verónica inundado por enésima vez. Creo que fueron mis últimos empujes los que provocaron que también mis dos aliados eyacularan casi simultáneamente en el ahora dilatado culo de mi vecina, arrancándole también a ella un sonoro orgasmo, que casi quedó amortiguado por la ansiosa boca de mi hija.

Tras el salvaje polvo nos apartamos los tres varones, dejando que mi hija se tumbara cómodamente sobre Verónica para terminar de recibir la cabalgada de Dodo. Yo reconozco que ya no podía mas, pero los dos amigos seguían empalmados, cosas de la edad, así que a duras penas apartaron a Dodo de mi hija y cogiéndola en volandas, se fueron para mi casa los tres, para continuar allí la orgía, dejándonos a Dodo y a mi con mi vecina. Entonces vi el consolador de mi hija tirado por el suelo, supongo que se le había olvidado con las prisas y al ver también el culo de Verónica rebosando semen, se me ocurrió ponérselo a modo de tapón para que no se le escapara nada. Y así lo hice, mientras Dodo, que aun estaba muy caliente, esperaba impaciente a que me apartara para volverla a penetrar.

Solo tuve que tirar un poco de sus piernas para dejar su coño en el borde del sofá y mi inteligente mascota se las ingenió para penetrarla en menos tiempo del que se tarda en decirlo. Mi pobre vecina estaba tan agotada que solo jadeaba ante esta nueva penetración, sin ni tan siquiera abrir los ojos. Yo me quedé viendo el espectáculo un rato hasta que Dodo terminó y luego la llevé, poco menos que a rastras, hasta su cama de matrimonio, donde la arropé cariñosamente y la dejé allí tendida, todavía con el consolador en el culo como recuerdo de nuestro memorable fin de semana... con la esperanza de que la cosa no terminara allí…